Hacia un mundo mejor
Todavía se puede encontrar en los puestos de periódicos, una publicación que se diseñó durante el apogeo de las “anti-culturas” para proporcionar, a las personas que buscaban formas
“alternativas”para vivir, un conocimiento de todo cuanto podrían necesitar. Se llamaba Catálogo Completo de la Tierra. Sin sugerir en ninguna forma que la psicología posee las características de
una anti-cultura o de una anti-ciencia, un libro que intentase descubrir lo que es la psicología no podría hacer algo peor que adaptar el título por:
Catálogo Completo de la Vida. Debido a la idea de que la psicología es algo relacionado únicamente con áreas especificas de la vida -y, sin más, a veces algo enfermas- desde hace mucho debió
haberse relegado a los rincones del museo del Hombre donde la teoría del flogisto y ¡a astronomía ptoloméica se con vierten tranquilamente en polvo.
Ningún aspecto de la vida humana en nuestro planeta es, o debe ser ignorado por el interés de la psicología. En realidad, podríamos ir más lejos y decir que todo aspecto de la vida animal
relacionado con los seres humanos estará sujeto a la exploración y, finalmente, a la explicación psicológica. Esto corresponde por completo a la línea que va desde nosotros, los complejos y
variables humanos, hasta los organismos de “comportamiento” más simple -las amibas-, las cuales casi no se pueden diferenciar unas de otras y cuya gama de actividad está severamente
limitada.
Tan inmenso campo de acción, manifestado ante los psicólogos, y ante los demás, en las últimas décadas, mantiene la esperanza de llegar a una conclusión sobre los tipos de problemas que nunca
antes se han tratado satisfactoriamente.
Las etapas del hombre
Así como esta “filosofía de la ciencia de... la vida” (como la llama B.F. Skinner) abarca toda la gama de la vida conductual, también prolonga su interés hacia la totalidad de la vida de los
seres humanos, desde el primer leve movimiento fetal hasta el último latido cardiaco en el lecho de muerte -y aun más allá: lo que hacemos con nuestra muerte también es conducta.
Una vida puede ser vista como un todo por la persona que la vive, y, en menor grado, por cuantos la aman y conocen. Pero, para quienes no las conocemos íntimamente, la vida de las personas sigue
-provechosamente para propósitos de estudio- etapas más o menos diferentes. Shakespeare pudo haber sido el primero en hablarnos de ellas, pero ahora los psicólogos son los encargados.
Entre las principales divisiones de las que esta disciplina, al igual que otras áreas de estudios científicos, se nutre, se encuentran las fases de desarrollo de la vida.
El mundo que nos rodea
Al principio de este capítulo se afirma que “ningún aspecto de la vida... debe ser ignorado por el interés de la psicología”, para que puedan ser capaces de entender que el mundo donde vivimos
deberá exigir cada vez más la atención de los psicólogos.
Vivimos en una época de cambios que aun a nuestros antecesores más recientes les parecería violentamente acelerada. Tal como se puede ver en otros asuntos “visibles”, como el de las viviendas de
muchos pisos y de la arquitectura urbana en general, el cambio casi siempre se lleva a cabo bajo la dirección y ejecución de aquellos para quienes las “personas” sólo existen en abstracto. (Si
piensa que esto es falso o exagerado, fíjese bien en las palabras utilizadas, en lugar de “personas”, las personas con quien tiene contacto en una relación profesional o de negocios:
“¿trabajadores?”, ,clientes?’’, “¿sindicalistas?”, “¿gerentes?”, “¿inquilinos?”, “¿recursos humanos?”, “¿elementos de producción?”, “¿obreros?”, “¿contribuyentes?’’. Usted puede elaborar su
propia lista: se sorprenderá.)
Sin embargo, las personas (hombres, mujeres y niños) son quienes consumen, compran, se perjudican o benefician por el cambio. Debe darse fundamentalmente por el modo de ser y de comportarse de
las personas, y se debe esperar que éste sea concorde en cualquier sociedad que trate de interesarse por el bienestar de sus miembros. Todos hemos visto alguna vez un recinto arquitectónico o
algún campo deportivo que resulta interesante o incluso hermoso, pero en el cual ningún hombre, mujer, o niño caminaría o jugaría con gusto. Asimismo, todos nos hemos puesto en contra de una
burocracia donde lo que causa menos problemas a sus miembros es, primero la consideración, y por último la solución de nuestros problemas.
En verdad se ha dicho que “resulta menos costoso... contratar a mil psicólogos que hacer cualquier leve cambio en la estructura... social” (Bazelon, 1973). Pero la influencia de la psicología
necesita no sólo ser superficial. Existen espacios abiertos donde las personas se divierten, pues su diseñador se tomó la molestia de averiguar lo que hacen y cómo lo hacen. Hay salones de clase
donde el aprendizaje es eficaz y las relaciones maestro-alumno son buenas, pues alguien se dio a la tarea de aplicar los principios -de la teoría del aprendizaje y de las relaciones
interpersonales- descubiertos por la psicología. Se han prevenido guerras y resuelto crisis, gracias a que los rivales en potencia nunca perdieron de vista su mutua calidad humana y comprendieron
sus actitudes y motivos. Existen familias para las que sólo una leve idea de lo que hace que los niños, los adolescentes y los padres se comporten como lo hacen, ha marcado la diferencia entre un
desastroso conflicto y una armonía razonable.
El camino hacia adelante
Sería ridículo afirmar que la psicología puede curar todas las enfermedades del mundo. Sin embargo, una lista de los problemas que invariablemente llegarán a preocupar mucho al mundo, puede
proporcionar una importante cifra, que tal vez se vea influida por el conocimiento absoluto del comportamiento de las personas.
La sobrepoblación es nuestra pesadilla. ¿Podrían terminar con ella la esterilización obligatoria o la eutanasia? De ser así, ¿cuál sería el impacto psicológico colectivo entre quienes resultaran
afectados y, a su vez, qué tipo de sociedad se originaria? En lugar de esto, ¿podrían las personas ser persuadidas, condicionadas, para educar a sus hijos en forma menos perjudicial? En caso
de
desastre, ¿se podría dar marcha atrás al proceso? ¿Se podría prevenir el desastre obvio -la guerra nuclear?
Estos no son problemas políticos. Sólo la conducta asumida concierne a la política. Si estamos suficientemente conscientes del conocimiento y las técnicas que la psicología ha hecho asequibles,
podemos asegurar, al menos, que nuestros intereses como personas se loman en cuenta en dichas actitudes políticas. Actualmente ese conocimiento y tales técnicas se encuentran escasamente
difundidas entre nosotros, pero ellos las toman muy en cuenta -los gobiernos, las delegaciones, el comercio y los ejércitos. El hecho de que utilicemos las palabras “nosotros’’ y ellos’’
significa que, donde debería haber interacción, no la hay.
La falta de sentido común
Cuando se pide a los psicólogos su intervención en asuntos que alguna vez han sido dejados al “sentido común”, a veces parece que lo que era común no era del todo sensato. ¿Qué haría usted, si
tuviera una granja, en el oeste de los Estados Unidos, y los coyotes estuvieran acabando con su rebaño? La respuesta de los granjeros es: “Matar a los coyotes”. Sin embargo, el tema de la
preservación incluye a los coyotes, y los psicólogos aportaron una mejor solución. El condicionamiento aversivo es una técnica empleada para romper con las adicciones o para reformar la conducta
indeseable en los seres humanos, notablemente en el caso de los alcohólicos.
Llevada directamente de la clínica psicoterapéutica a los campos ovejeros, resultó ser igualmente efectiva con los coyotes. Se les puso una carnada con un medicamento vomitivo, lo cual los hizo
cambiar sus predilecciones hacia otra presa -los conejos.
Obviamente, existen asuntos mucho más comunes que requerirán de toda la atención de la psicología. ¿Son las mujeres el “sexo más débil”? Las últimas investigaciones parecen indicar que las
mujeres poseen un mejor control fisiológico que los hombres. Existen muchas Otras cosas -de lo relativamente trivial (¿por qué a las personas les gusta asustarse viendo películas de terror
o
subiéndose a los juegos mecánicos?) a lo fundamentalmente importante (¿por qué un niño de cuatro años de edad aprende chino, por ejemplo, más rápidamente que un estudiante universitario, quien
sin duda se encuentra en la cima de su potencialidad para aprender?)
Si no fuera por la orientación que ha tomado la observación de la conducta de las personas -a partir de la clasificación del “carácter” para controlar la experimentación psicológica- actualmente
no habría manera de abordar dichos problemas, sobre lo que somos y la forma como nos comportamos, ni un punto de partida confiable o firme a partir del cual dar comienzo a la lenta y difícil
tarea de entendernos a nosotros mismos.

